“Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.” Juan 3:30
Con estas palabras, Dios le explicaba a su pueblo el motivo por el cual los israelitas debían pintar el dintel de sus casas con la sangre de un cordero sin defecto alguno para el día de la Pascua, el glorioso y esperado día en que serían libertados de los egipcios. Quien cumpliera con este deber, alcanzaba la seguridad de que la plaga de mortandad no entraría en su hogar.
Si bien se trata de un suceso que ocurrió hace miles de años atrás, su implicancia espiritual aún se mantiene vigente en la actualidad. No es novedad que Satanás atente contra la iglesia de Cristo, y que quiera robarnos la salvación de nuestras almas y la posesión de una vida eterna junto a Dios. Su estrategia principal se basa en la destrucción de hogares cristianos y en el desánimo generalizado, queriendo instaurar una plaga de mortandad espiritual.
PERO tranquilo, esto no debe aterrarte. Hubo alguien que fue enviado a tierra para garantizar el plan de salvación, que en algún histórico día derramó su sangre en la bendita cruz y que venció a la misma muerte. Reemplazó al cordero de la antigüedad e hizo expiación eterna por nuestros pecados. ¿Y por qué tuvo tanto amor para con nuestras vidas, siendo tan inmerecedores? Sólo la gracia de Dios lo puede comprender.
Es por eso que hoy no necesitamos pintar las puertas de nuestras casas con la sangre de algún cordero. Hoy estamos cubiertos por la sangre del Cordero inmolado, y por más que el maligno quiera entrar en tu vida y en tu hogar, y quiera destruirte, no lo podrá lograr; como dice la sagrada escritura, “caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra, mas a ti no llegará”. Hoy sabes que puedes presentarle ese seguro de vida celestial y huirá tan rápido como pueda. Para obtenerlo, solo debes creer, de corazón, en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y toda tu casa.