Una cosa…

“Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo”. Salmos 27:4

El salmista David fue un hombre que supo afrontar una amplia variedad de situaciones…. momentos de soledad, de angustia, de dolor, de temor, de incertidumbre, de paz, y de prosperidad, entre tantas otras; un hombre que pasó de ser un simple pastor de ovejas a convertirse en uno de los reyes más importantes en la historia de Israel.

Ya avanzado en edad, escribe este Salmo, dejando en claro UNA COSA: la necesidad de tener a Dios en nuestras vidas. Por más poder, dinero o capacidad intelectual que una persona pueda tener, absolutamente nada se puede asimilar a la presencia de Dios en nuestros corazones.

Porque en donde habita Dios, también habita la hermosura, la belleza interior, la excelencia. David deseaba inquirir (indagar) cada día más acerca de Dios, conocerlo de una manera profunda y personal, tener una comunión plena con Él.

Y hoy el Señor te invita a que tú también lo puedas experimentar. Es una experiencia que todo cristiano debe procurar tener y alcanzar en su vida personal; es alcanzar la máxima satisfacción espiritual. Ello debería constituir el principal objetivo de todo creyente. Recuerda que eres “templo del Dios viviente” y, como tal, debemos asegurarnos de que su presencia esté de continuo en nuestros corazones. Señor, que tu presencia habite en mí hasta el último día de mi vida.