“Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” Jeremias 17:10
El versículo anterior expone: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Muchas veces actuamos suponiendo que el único que puede saber lo que ocurre en nuestro ser interior es uno mismo. Alma querida, presta atención a lo que Dios quiere recordarte… Acuérdate que existe alguien que conoce profundamente el estado de TODO tu ser: tu espíritu, alma y cuerpo.
No te olvides que tienes un Padre omnisciente, que todo lo sabe, que todo lo percibe, que todo lo comprende. En este momento se presenta a tu vida, y te dice: “Yo Jehová”. Él es quien te conoce por completo, el que sabe la situación por la que estás pasando aunque no la hayas comentado siquiera a tus padres, tus hijos o tus amigos.
Y se presenta exhibiendo dos capacidades; el escudriñamiento de tu mente y el sometimiento a prueba de tu corazón. El Señor examina la mente con mucha atención, observando hasta los detalles menos manifiestos de la persona, entre los cuales se encuentran tus percepciones, tu memoria, tu conciencia, tus pensamientos. No solo eso, sino que también pone a prueba tu corazón, el cual abarca también tus deseos y sentimientos. Sí; Dios sabe con exactitud qué es lo que estás pensando en este momento, qué opinas y sientes por la otra persona, cuáles son tus proyectos, tus metas, tus intenciones… Él todo lo sabe.
Y finalmente aclara que, en base a esas pruebas, “da a cada uno según el fruto de sus obras”. Esto quiere decir que hay una recompensa valiosa por una mente y un corazón entregados a Dios, dedicados a realizar buenas obras que nos permitan llevar una vida colmada de bendiciones y prosperidad.