Las inconsistencias de la vida

“…Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” Santiago 4:14

Las inconsistencias o incongruencias de la vida son la constante de este mundo en que vivimos. Se asemejan a una ensalada de triunfos y tragedias. Lo malo no se diferencia de lo bueno, y la verdad se confunde con la mentira.

A veces deseamos que la vida sea un poco más previsible… Pero no. Nos tiene a todos, grandes y pequeños, pobres y ricos, sabios e ignorantes al borde de nuestros asientos en espera del momento para saltar por lo inesperado. Este estado de ánimo produce en nosotros una sensación de inseguridad crónica, imposible de disimular. Ese miedo a lo desconocido nos carcome y muchas veces nos paraliza. Cáncer, violación, muerte, divorcio, traición, quiebra, robo. Palabras que le quitan el sueño a cualquiera.

Pero existe alguien que te contiene cada vez que la vida te sorprende con sus inconsistencias: el Jesús de la Cruz. Al fin y al cabo, fue en ese mismo lugar donde lo incongruente se escribió con mayúsculas. La bondad se fundió con la crueldad, lo obsceno con lo santo, lo enfermo con la cura, el odio con el amor, lo inconsistente con lo consistente, lo humano con lo divino. Por eso, Aquél que recibió en sí mismo el veneno mortal de las incongruencias y salió inmune del sepulcro, es quien hoy te dice: “Confía en mí… Que aunque andes en valle de sombra de muerte, no temerás mal alguno, porque Yo estaré contigo”. Recuerda que Él cargó tu peso para que hoy descanses en Él.